B.Quebdani Ben Abdellah
El Partido Popular de Mariano Rajoy se desangra. Los casos de corrupción, la escasa autoridad del gallego, las taifas independientes y los pulsos interiores por descabezar a la actual cúpula dirigente, están convirtiendo a ese partido en una caricatura de lo que fue o pretendió ser. El PP, no es alternativa, por mucho que se machaque a la opinión pública en que no existe otra opción, y por tanto, hay que apechugar con el maldito y fraudulento voto útil.
La “tortilla” en Melilla, está planteada en modo inverso. No sé por qué, en este pueblo siempre vamos a contracorriente. El caso, es que aquí tiene mayoría Imbroda, un señor que se coló por la puerta de atrás, mediante una moción de censura, con más de un tránsfuga, vendiendo después su organización política –UPM- traicionando a sus votantes y haciéndose dueño del PP local, cuyas bases, viven en el letargo del conformismo. No es una opinión, es la historia reciente.
Después de muchos años de ejercicio despótico del poder, Imbroda, ha convertido Melilla en una empresa con muchos clientes abnegados, sumisos y agradecidos. Un chiringuito, aparentemente sólido, que se acabará llevando el viento, porque está construido con hipocresía y carece, en consecuencia, de robustez en sus cimientos.
La pregunta, es si la asociación PSME-CpM tiene capacidad suficiente para convertirse en aspirantes al “trono” de Imbroda en el año 2011; si poseen una estrategia definida, o si serán capaces de contrarrestar el argumento de siempre para quedarse con el voto de los indecisos –voto que define y otorga mayorías-; es decir, “el terror al sarraceno”, tan práctico, tan provechoso y rentable para la derecha más ultra-conservadora.
Como en el primer caso, mucho me temo que en Melilla, la oposición tampoco es alternativa a nada. La estrechez en las generales del 2008, donde por escasas 300 papeletas se decidió el diputado, pareció albergar algunas esperanzas, pero unas municipales son “harina de otro costal”. Digo yo, que los melillenses no nos merecemos semejante condena. Otros cuatro años de gobierno Imbroda, serían una ruina de consecuencias incalculables. ¿Qué nos queda? ¿el suicidio colectivo? ¿el aborregamiento generalizado? El partido de Rosa Díez –UPyD- seduce a mucha gente, que ven en ellos un soplo de aire renovador ante tanta asfixia bipartidista. No me cabe duda que esa incipiente organización crecerá, entre otras cosas, porque su discurso y argumentos son los de la calle, los que oímos a la gente sencilla, y eso genera simpatías y apoyos.
Algo está cambiando en el panorama, porque la crisis es también política. Así, que es muy posible que ante la degradantes y falsas ofertas de los grandes, nos aferremos a la esperanza de la “incógnita UPyD” como a un clavo ardiendo. PP y PSOE ya sabemos lo que aportan: mentiras y fracasos; podredumbre y decadencia.
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